Las mujeres migrantes en riesgo de violencia y explotación
La violencia de género, la trata de personas y otras formas de explotación siguen poniendo en peligro a las mujeres en todas las etapas de la migración, incluidas aquellas que se dedican al trabajo doméstico y de cuidados.
La migración ofrece acceso a nuevas oportunidades para construir una vida mejor. No obstante, para millones de mujeres en todo el mundo, cruzar una frontera puede tener un costo enorme: desde violencia, explotación laboral y discriminación hasta amenazas de secuestro, extorsión o trabajo forzado.
La violencia tiene lugar en todas las etapas de la migración, desde los viajes y cruces fronterizos hasta la vida en los países de destino y la posible migración de retorno. Las mujeres migrantes a menudo sufren violencia en varias ocasiones a manos de distintos autores. Los riesgos son especialmente altos en el caso de las mujeres que viajan sin documentos, con información escasa o nula sobre migración segura o con recursos financieros limitados, puesto que se exponen a un mayor peligro de extorsión y explotación.
Los derechos de las mujeres no se quedan en casa cuando migran. Sin embargo, al atravesar fronteras, las mujeres migrantes suelen quedarse sin la protección de los derechos y la justicia que merecen y que les corresponde. 1 de cada 3 mujeres en todo el mundo experimenta violencia física o sexual, y las mujeres migrantes enfrentan un riesgo aún mayor.
Estas son apenas algunas de las situaciones en las que las mujeres migrantes suelen enfrentar un marcado riesgo de violación de sus derechos y violencia de género:
Irregularidades en la contratación y la migración
Para muchas mujeres, el peligro comienza en el momento en que inicia la migración. Sin información confiable sobre migración segura, sin dinero y sin documentos válidos, crece el riego de exposición a la violencia de género, al engaño y a la explotación, desde mucho antes de llegar a sus destinos.
Estos riesgos a menudo comienzan desde el inicio del vínculo laboral, ya que muchas dependen de intermediarios no regularizados que cobran tarifas excesivas o hacen promesas falsas. Muchas mujeres ya salen de sus hogares endeudadas, en una situación que las deja a la merced de los reclutadores, incapaces de rechazar cualquier demanda y vulnerables a una explotación que puede convertirse en trata.
Para las mujeres que toman vías irregulares, los riesgos se multiplican. Estas suelen describir sus viajes como travesías marcadas por la extorsión, el acoso y las agresiones por parte de contrabandistas, traficantes, funcionarios corruptos y otros migrantes. De hecho, los contrabandistas de migrantes están entre los autores más comunes de delitos de violencia de género.
A lo largo del corredor Sudáfrica-Zimbabue, por ejemplo, Human Rights Watch reveló que casi todas las mujeres migrantes recién llegadas habían sido violadas o habían presenciado una violación durante el cruce. Algunos hombres entrevistados admitieron que violaban a mujeres migrantes como parte del “precio” que ellas tenían que pagar por permitirles ingresar a Sudáfrica.
En el Tapón del Darién, entre Colombia y Panamá, se informó que la violencia sexual se había septuplicado en 2024, un escalofriante recordatorio de lo que enfrentan miles de mujeres al cruzar el corredor más peligroso de América Latina.
Las mujeres víctimas de trata experimentan tres veces más violencia física que los hombres en la misma situación.
Trata, trabajo forzado y otras formas de explotación
La trata de personas es una de las violaciones más horrendas a los derechos humanos. Debido a las desigualdades de género e impulsados por el lucro, los autores de este delito consideran el trabajo y los cuerpos de las mujeres como mercancías que pueden ser compradas, vendidas, controladas y violadas, y las mujeres son tres veces más propensas a ser víctimas de trata para trabajo forzado que los hombres.
Para millones de mujeres, la trata representa el engaño, el confinamiento, el abuso sexual o la venta de sus cuerpos para trabajos de los que no pueden escapar. Muchas no sobreviven.
La trata de personas prospera porque se considera que las mujeres son mercancías que pueden explotarse a voluntad. Este delito aprovecha la falta de una protección adecuada y la demanda implacable de mano de obra barata e invisible en todo el mundo. Desde la agricultura y la producción textil hasta la hotelería y el trabajo doméstico, los sectores con regulación deficiente dan espacio a los traficantes para actuar con impunidad. Los bajos salarios y la dependencia de quienes les dan empleo para su condición migratoria facilitan el control y el silenciamiento de las mujeres migrantes, ya que muchas ponen en riesgo su trabajo o residencia si intentan denunciar abusos o dejar de trabajar con quien las contrató.
La tecnología también hace que estos delitos sean aún más difíciles de rastrear. Quienes trafican usan redes sociales, aplicaciones de mensajería y plataformas encriptadas para perfilar, reclutar y manipular a mujeres migrantes, mientras que el chantaje basado en deepfakes o ultrafalsos y la vigilancia en línea persiguen a las mujeres a través de fronteras y pantallas, incluso mucho después del retorno a sus países de origen. Las redes de trata también usan criptomonedas para mover y lavar sus ganancias a través de fronteras, por lo que sus operaciones y flujos financieros son más difíciles de rastrear.
Más del 60 por ciento de las víctimas de trata en todo el mundo son mujeres o niñas, y muchas de ellas se encuentran fuera de sus países de origen, lo que representa un recordatorio contundente de que la trata no es solo un delito, sino un sistema brutal de poder, violencia y control que tiene como objetivo a las mujeres por su género.
Mayor riesgo de violencia y explotación para las trabajadoras domésticas migrantes
En todo el mundo, casi la mitad de los 304 millones de migrantes internacionales son mujeres y la mayoría está empleada en trabajos domésticos y de cuidados, sectores que en gran medida siguen sin estar regulados. De los 75,6 millones de personas que trabajan en el ámbito doméstico en todo el mundo, el 76 por ciento son mujeres.
En hogares de todo el mundo, millones de mujeres migrantes limpian, cocinan y cuidan de otros. Trabajar dentro de la privacidad de un hogar a menudo implica una visibilidad y una protección limitadas, y expone a muchas a la explotación y al abuso por parte de quienes las emplean u otras personas en el hogar. Este aislamiento convierte el trabajo doméstico en un espacio donde la violencia puede pasar desapercibida y sin posibilidad de control. Muchas personas migrantes que trabajan están excluidas de las leyes laborales nacionales; se les niegan días de descanso o salarios justos, y dependen profundamente de sus quienes las contrataron para percibir ingresos, tener una vivienda y una condición de residencia.
En los sistemas de patrocinio como el de Kafala, las visas de las mujeres están vinculadas a quienes las contratan, lo que limita su posibilidad de abandonar situaciones abusivas y de acceder a la justicia.
Pese a los repetidos llamamientos internacionales para fortalecer los derechos de las trabajadoras domésticas migrantes, las mujeres aún enfrentan largas jornadas laborales, salarios retenidos, acoso y, en casos extremos, trata y trabajo forzado.
Según los estudios, el 87 por ciento de las víctimas de servidumbre doméstica son mujeres y niñas, y el 15 por ciento de las víctimas de trata en el trabajo doméstico experimentan abuso sexual.
Los datos de una encuesta de 2023 revelan que, en Tailandia, seis de cada diez trabajadoras domésticas migrantes en Myanmar denunciaron hechos de violencia.
El 81 por ciento de todos los trabajadores domésticos tienen un empleo informal y no cuentan con derechos básicos ni protección.
Un destino de discriminación y negación de derechos
Llegar a destino no significa llegar a un lugar seguro. Para muchas mujeres migrantes, es el inicio de nuevas dificultades. La discriminación por motivos de género, raza, nacionalidad y condición migratoria determina cada aspecto de la vida, desde los trabajos que se les ofrecen hasta la protección que pueden o no recibir.
El miedo a la deportación silencia a muchas personas. Si denuncian abusos, pueden perder el trabajo o ser enviadas a sus países de origen, y estos son riesgos que pocas pueden permitirse. La condición migratoria irregular de una mujer puede ser usada por quienes la contratan para amenazarla o controlarla, mientras que las barreras lingüísticas y el estigma hacen que sea aún más difícil acceder a ayuda.
Para las mujeres sin condición migratoria regular, el sistema en sí puede aumentar su exposición al peligro y la violencia. Los centros de detención y deportación suelen ser lugares inseguros y degradantes. Muchas mujeres denuncian haber sido víctimas de abuso sexual, acceso deficiente o nulo a la atención de la salud sexual y reproductiva, y falta de privacidad en las áreas de saneamiento y duchas.
En muchos países, el sexismo, la xenofobia y el racismo agravan estos riesgos y determinan el modo en el que se considera, se escucha y se trata a las mujeres migrantes cuando sí buscan justicia o apoyo.
Las mujeres migrantes detenidas enfrentan violencia sexual en una proporción dos veces mayor que los hombres en la misma condición, con acceso limitado o nulo a mecanismos de denuncia.
Retorno al estigma y a la exclusión
En lugar de que se sientan bienvenidas al volver, muchas mujeres migrantes regresan al estigma y la exclusión. La responsabilidad sobre los hechos de violencia de género o trata en el extranjero suele recaer en las sobrevivientes, como si su sufrimiento fuera una elección y no el resultado de un sistema inseguro y abusivo. Para otras, la vergüenza asociada al trabajo doméstico o de cuidados en el extranjero, percibido como trabajo de bajo estatus en el país de origen, se convierte en una barrera para la reintegración, de modo que las personas del vecindario y la familia las rechazan.
La evidencia de Etiopía y Bangladesh muestra que las trabajadoras domésticas repatriadas pueden enfrentar una grave exclusión social, impulsada por normas de género y la falta de un apoyo personalizado para la reintegración. En Etiopía, las mujeres que experimentaron abuso en el extranjero informaron que fueron etiquetadas como “migrantes fracasadas”, mientras que en Bangladesh, las repatriadas que habían sido víctimas de trata o explotación en el trabajo doméstico fueron acusadas de “avergonzar” a sus familias. Estos juicios profundizan el aislamiento y hacen que la recuperación y la reintegración sean aún más difíciles.
Algunas comunidades están encontrando mejores maneras de responder. En las Filipinas, los gobiernos locales y las organizaciones de mujeres ofrecen asesoramiento, capacitación en distintas habilidades y apoyo para las trabajadoras domésticas repatriadas; las ayudan a reconstruir su confianza y sus vidas. No obstante, estas iniciativas siguen siendo poco habituales. En la mayoría de los países, las personas repatriadas enfrentan el estigma en soledad, sin el apoyo financiero ni psicológico necesarios para comenzar de nuevo.
Las personas repatriadas que cuentan con un apoyo adecuado suelen sobrellevar mejor los desafíos del retorno. Esto es especialmente cierto para las mujeres migrantes sobrevivientes de violencia.
Qué está haciendo ONU Mujeres para apoyar a las mujeres migrantes
Toda mujer merece migrar segura y ser tratada con dignidad. Sus derechos deben estar garantizados donde sea que estén.
ONU Mujeres, con financiamiento del Gobierno de Alemania, lleva a cabo el programa de asesoramiento Making Migration Safe for Women, que contribuye a hacer realidad la migración segura para las mujeres. En Etiopía y Sudáfrica, apoya a las mujeres migrantes en ambos países y al volver; ofrece capacitación, asesoramiento y apoyo a pequeñas empresas; y trabaja con los gobiernos para garantizar que las políticas migratorias sean seguras y justas para todas las mujeres migrantes.
Cómo todas las personas podemos ayudar a que la migración sea más segura para las mujeres
- Conoce y desmiente los mitos sobre las mujeres migrantes, y comparte información confiable.
Comparte pautas confiables sobre migración segura para empoderar a las mujeres migrantes con información verídica a fin de que puedan migrar de manera segura. - Oponte al racismo.
Habla abiertamente sobre el racismo, el sexismo y la discriminación que enfrentan las mujeres migrantes y alza la voz contra la violencia y la explotación cada vez que las veas. - Promueve relaciones laborales justas y éticas.
Lucha contra las prácticas de contratación engañosas y recuerda que el cambio también comienza en casa, en especial donde se contrata a mujeres migrantes para trabajar en roles domésticos y de cuidados. - Exige mejores condiciones laborales.
Presiona para que las trabajadoras domésticas y de cuidados migrantes tengan salarios justos, atención médica y protección legal, sin importar su condición migratoria. - Apoya la mejora en el acceso a la alfabetización jurídica.
Apoya iniciativas que den información clara a las mujeres migrantes acerca de sus derechos, los servicios disponibles para ellas y dónde buscar ayuda antes, durante y después de la migración. - Asegúrate de que las mujeres puedan acceder a apoyo.
Apoya a organizaciones que proporcionen espacios seguros, asesoramiento, asistencia jurídica y otras formas de ayuda práctica. Estos servicios comunitarios tienen un rol clave en la ayuda a las mujeres migrantes, para que puedan reconstruir sus vidas con dignidad, en especial las sobrevivientes de violencia de género. - Pide a tu gobierno local y nacional que implementen políticas que protejan y respeten los derechos de las mujeres migrantes y mantengan los compromisos de derechos humanos. Todos los gobiernos pueden tomar medidas para que la migración sea más segura, como rutas de migración seguras y regulares, estándares de contratación ética, protecciones laborales y capacitación para quienes de desempeñan en el funcionariado de primera respuesta, por citar unos cuantos ejemplos. Algunos gobiernos también han firmado acuerdos internacionales. Promueve que tu gobierno implemente el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, y los Convenios de la OIT sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos (núm. 189), y sobre la violencia y el acoso (núm. 190).
¿Qué ideas erróneas tienen las personas sobre las mujeres migrantes?
“Ni siquiera ha aprendido el idioma”. “Cuidado con ella, podría seducir a tu esposo”. “Ella se aprovecha de las prestaciones”.
Desafía los estereotipos. Lee sobre cómo desmantelar los mitos en torno a las mujeres que migran.